Málaga mira al futuro


Conferencia del secretario general provincial, Miguel Ángel Heredia, en el Fórum Nueva Economía celebrado esta tarde en Málaga, donde ha estado presentado por el secretario general de los socialistas andaluces, Pepe Griñán


Intervención del secretario general del PSOE de Málaga, Miguel Ángel Heredia:

En primer lugar, mi agradecimiento a Forum Nueva Economía, y a su presidente, José Luis Rodríguez, por la invitación. José Luis, enhorabuena por la labor continuada para mantener vivo el debate público en esta suerte de ágora que permite profundizar en los asuntos en unos tiempos más dados a rozar que tocar los temas.

Presidente, que me presentes es muy grato para alguien como yo que admira a personas como tú: leales, honradas, capaces.

Pero también tu modestia y cercanía.

Te conocí en 1996. Habíamos tenido una dulce derrota, pero nos fuimos a la oposición.
Allí los diputados noveles, por no decir novatos, comprobamos la distancia que había con los diputados más veteranos, sobre todo con aquellos que habían estado en el Gobierno.

Por eso sorprendía y destacaba que alguien con larga trayectoria, que había sido ministro hasta hace pocos días, no sólo es que hablara con los diputados novatos de tú a tú, sino que además no dudaba en formarlos; incluso les exigía y animaba a que subieran a la tribuna del Congreso por primera vez, algo que le digo no es fácil.
Ése era Pepe Griñan, el que por las noches cenaba con los diputados andaluces como uno más. Aunque todos sabíamos que no era uno más.

Es una suerte trabajar contigo, presidente, por un proyecto andaluz que recorre ya su propio camino desde el 25 de marzo, que representa una alternativa en esta época de sombras y en el que todos nos vamos a dejar la piel.
Gracias. Muchas gracias.

Un cordial saludo a las autoridades, representantes de colectivos, asociaciones, de los sindicatos, del empresariado, de los medios de comunicación, compañeros y compañeras del PSOE, gracias a todos por venir en una tarde de viernes de mayo en Málaga - con lo que eso significa- a escuchar mis palabras, a compartir reflexiones posteriormente en el turno de preguntas.

Subí a esta tribuna hace un par de años.

En aquella ocasión reivindiqué la Málaga que nos une, esa misma que tantas veces nos separa. Defendí la controversia política, el debate político entre partidos con postulados ideológicos antagónicos como motor de la democracia, si bien insistía en que no era incompatible con llegar a acuerdos, puntos comunes en los que recalar desde posiciones más alejadas. Al fin y al cabo de eso se trata.

En aquel año 2010 el país comenzaba a aprender el significado de términos como la prima de riesgo, a escuchar sobre ‘la presión de los mercados’ y a intentar de comprender cómo una crisis hipotecaria que estalló en Estados Unidos se convertía en una crisis de la deuda soberana de España y a poner en duda el déficit de los Estados de la Europa del euro.

Hoy desgraciadamente la situación no ha ido a mejor. No estamos mejor que en 2010. Aquellos que se llenaron la boca de repetir que tenían la pócima de todas las soluciones han defraudado a cientos de miles de personas. La demagogia es un boomerang en política y la deslealtad en situaciones de casi emergencia nacional se paga cara.

Como hemos visto, los cambios de gobierno no calman a los mercados, que no se calman con nada, excepto dinero. Se alteran a la mínima y alcanzan máximos los días menos pensados. Vivimos un tiempo en que los grandes financieros aguantan poco rato al frente de bancos, que ahora son buenos y malos. Yo siempre pensé que sólo existían de un tipo. Los premios nobel se convierten en videntes con predicciones que no ayudan mucho a eso que llaman ‘estado de ánimo de la economía’ ni al ‘estado de ánimo de la gente’.

Y aquí en Málaga, tenemos todo lo anterior, más un debate. El que toque ese mes o semana. Menos mal que sobre el Málaga no hay debate que valga y jugará la liga de Campeones.

En Málaga debatimos sobre grandes, grandísimos proyectos, por lo caro y transformadores que son, como el Guadalmedina o el Corredor Ferroviario, aún pintados en el mapa. Y los que son grandes y ya se han comenzado, como el Anillo Ferroviario, tratan de ser frenados.

Decía la cabeza de lista del PP que los socialistas hemos dejado a Málaga sin proyectos, que por eso los Presupuestos Generales del Estado nos colocaban en el pelotón de cola. Cuando leía las declaraciones me dije: "si en Málaga hay algo son proyectos".

Málaga mira al futuro, siempre mira al futuro. Eso es bueno. Posiblemente seamos la provincia con los mejores planes estratégicos concebidos en el mundo occidental, que han servido para diseñar y trazar esas grandes infraestructuras que tenemos, con un gran beneficio económico directo y sostenible en el tiempo. Queda mucho por hacer, tanto que están los programas electorales llenos de ideas. El socialista, de muy buenas ideas. De las mejores. No tenemos puentes sobre la bahía porque nos gusta mirar al horizonte desde las playas de Pedregalejo.

En Málaga miramos el futuro, aunque siempre enzarzados en las refriegas del día a día.

Estoy convencido de que la mejor forma de mirar al futuro es pensar en el presente de nuestros jóvenes, de aquellos que tendrán que gestionarlo.

Dos personas con quienes compartí reflexiones para esta charla coincidían conmigo en que hablar del futuro de Málaga era hablar de sus jóvenes. "Miguel Ángel, habla de la juventud", me dijeron. El caso es que las dos personas tienen más de ochenta años.
‘Es la juventud, idiota’ sustituye al conocido lema de ‘Es la economía, idiota’ de la campaña electoral de Clinton, que siempre recordaba que lo que importaba a los estadounidenses era el bolsillo.

Les voy a dar unos datos: pero no se preocupen, no serán grandes cifras macroeconómicas de presupuestos ni les voy a tratar de colocar que en materia de inversión los socialistas nos hemos salido del mapa invirtiendo en Málaga. Con los años voy aprendiendo y escucho. Enrique Linde me escribió no hace mucho que el Partido nada más que hablaba de inversiones y millones y muy poco de valores.
Los datos:

En Málaga, la crisis económica ha multiplicado por diez el número de parados menores de 25 años que llevan más de un año en el desempleo: es decir son parados y paradas de larga duración.

22.100 jóvenes malagueños llevan más de un año buscando un trabajo, lo que representa el 47,5% de los 46.700 parados menores de 25 años que hay en Málaga.
Esta tasa media de paro de larga duración entre los jóvenes supera tanto la media de la comunidad andaluza (43,2%) como la nacional (39,4%).

Muchos de estos jóvenes trabajaban en la construcción, sector en el que recuerdo tenemos más parados que personas trabajando.

Dejaron sus estudios. Alguien les dijo que existía un atajo para volar solos. Todos les decían las bondades y nadie les advirtió de los riesgos. Muchos de esos jóvenes se hipotecaron. Compraron con dinero prestado viviendas que construyeron otros jóvenes, que a su vez habían abandonado los estudios. El caso es que hoy miles de esos jóvenes quieren entrar en cursos de reciclaje profesional o de formación para tener una nueva oportunidad en el mercado laboral, si puede ser en un puesto cualificado.

Por su parte, la mayoría de los jóvenes con formación tiemblan con la reforma laboral porque pueden ser despedidos sin derecho a indemnización hasta con un año de trabajo a sus espaldas o forman parte de lo que en Gran Bretaña se ha llamado ‘precariado’. Tampoco están mejor los mayores de 26 años que nunca han cotizado porque se han quedado en la nebulosa del decreto de reforma sanitaria que ayer los socialistas votamos en contra en su trámite de convalidación parlamentaria. Ni los estudiantes ni sus familias, que tendrán que afrontar tasas más caras y cuadrar cuentas para poder seguir estudiando.

A todos esos jóvenes son a quienes tenemos que explicarle que los rescates de los bancos son inevitables para que no se caiga la economía, porque la economía es crédito y expectativas, eso sí, rescates defendiendo el patrimonio de todos y todas: que el dinero público se preste primero y se recupere con sus correspondientes intereses, como hicimos los socialistas en la primera fase de reforma del sistema financiero.

A todos esos jóvenes no hay que rescatarlos. No quieren auxilio. Quieren un trabajo.

A esos jóvenes hay que brindarles oportunidades.

A esos jóvenes hay que darles futuro.

Y debemos ser nosotros y nosotras, sus representantes políticos en los gobiernos, en las cámaras legislativas, en los ayuntamientos y en las diputaciones también, porque un millón de euros en pistas de pádel pudieron ser la financiación para 50 proyectos empresariales, el germen de 50 emprendedores o emprendedoras, 50 ideas para la innovación social, 50 casos de autoempleo.

Málaga sí mirará al futuro si pensamos antes de actuar. Si pensamos en la gente.
Creo que, parafraseando a Celaya, la política es un arma cargada de futuro, es el instrumento para resolver los problemas antes de que la desesperanza, el miedo y la incertidumbre lleve a los parlamentos a personas que obligaban a los periodistas a ponerse de pie en las ruedas de prensa, como hemos visto en Grecia.

Hoy, ante un auditorio distinguido, la representación de la sociedad malagueña, comparto nuestro fuerte compromiso con la juventud de la provincia. Que Málaga mire al futuro, pero al que está en su presente más inmediato: la juventud.

Es posible. Aún en momentos como éste, podemos activar ambiciosos planes para nuestros jóvenes. Los pocos o muchos recursos que tengamos se pueden potenciar e intentar aclarar el futuro de esta generación. La Diputación, los grandes ayuntamientos, en coordinación con los planes de becas, de formación, de estímulo económico que ha puesto en marcha el Gobierno de Pepe Griñan y los planes futuros, pueden hacer fuerza común mediante actuaciones coordinadas.

Como secretario general del PSOE malagueño, allí donde gobernemos, allí donde estemos en la oposición, nos vamos a implicar en ese objetivo y vamos a pedir el desarrollo de medidas serias que contribuyan a paliar la situación mediante el consenso, pues un partido responsable es aquel que es capaz de llegar a acuerdos.

En suma, trabajar por la juventud es trabajar por la economía, por la educación, por la sanidad, por el estado del bienestar, que es el patrimonio colectivo que transmitimos de generación en generación. Aunque pensemos lo contrario, vivimos en una sociedad profundamente solidaria, todos trabajamos para el bienestar de nuestros mayores, en eso se basa el sistema de pensiones, y conscientes o no de que generaciones venideras se esforzarán de la misma manera por nosotros.

Un compromiso con la juventud es un compromiso con las familias, la cuales están garantizando la paz social en una red solidaria basada en el principio de donde comen cuatro comen cinco.

Es un compromiso con nuestros pueblos, si en algún sitio se intuye que el futuro son los jóvenes es allí. Si queremos cerrar brechas entre interior y litoral, debemos empezar por coser la igualdad de oportunidades para nuestros jóvenes en cada una de nuestras comarcas.

Trabajaremos para implicar en este compromiso a los agentes sociales, al resto de partidos políticos y a la sociedad en general.

Amigos y amigas, defiendo que comencemos a convertir en certezas futuras las incertidumbres de este presente. Luchemos por que no haya generaciones perdidas y aún menos, perdidas esperanzas.

Imaginemos el futuro, pero a escala humana.

Málaga necesita huir de sus propios tópicos, que se han convertido en agarraderas para el discurso de la ciudad. Aquí la palabra ha sustituido a la realidad en muchas ocasiones, y el debate sobre el proyecto ha tenido más calado que el propio proyecto. El ejemplo está a la vista de todos: años de muelles, cines, esquinas de oro, supermercados.

A veces las cosas son más sencillas. Propusimos, en un planteamiento de María Gámez, hacer un parque en los terrenos del campamento Benítez con la idea de que los ciudadanos paseen. Simplemente. No más ni menos. Se paseen, estén con sus familias, tengan ocio gratis. Recuperar espacio público. Hoy es un galimatías político.
Tenemos que hacer las cosas más sencillas y un buen instrumento es el consenso.

Si creemos en la innovación, esta provincia debe aliarse con su Universidad, la cual nos dio una lección de cooperación y liderazgo compartido con el Andalucía Tech porque dejó a un lado el localismo improductivo y demostró que la colaboración con Sevilla nos hace más fuertes a las dos capitales andaluzas. Este proyecto debe ser bandera de la sociedad malagueña. Debemos defenderlo de los recortes. Está en la Universidad nuestro futuro. Porque el futuro está en el conocimiento.

Los socialistas queremos que la innovación empape todos los sectores. La construcción es uno de ellos.

Aquí los socialistas tenemos que hacer autocrítica.

Quiero hoy lanzar algunos mensajes con respecto a la construcción y sus industrias auxiliares por el peso en la economía de la provincia.

Los socialistas creemos que tenemos que sacar adelante los planes de ordenación para poder captar, cuando las haya, las inversiones productivas en nuestros pueblos y ciudades. El principal patrimonio que gestionan los ayuntamientos es el suelo. Hemos visto cómo muchos han podido diversificar su economía, han impulsado parques empresariales, zonas industriales y de ocio.

Tenemos que estar preparados para la recuperación, pero reorientando el sector. Podíamos haber dedicado muchos más de los ingentes recursos económicos en aplicar la innovación en la construcción y vincularlo a la sostenibilidad ambiental. Hay ejemplos como la Fundación Habitec, con la Junta de Andalucía al frente. Pero podemos ser referencia de conocimiento, de exportación de conocimiento -como lo vamos a ser en materia ferroviaria. De ahí que reclama también una colaboración más activa entre la Universidad y el sector, que se miren más.

Lo mismo proponemos para el sector agroalimentario, que tiene su futuro en mejorar la comercialización. Es bienestar para nuestro pequeños y medianos municipios. No podemos olvidarlo. La economía que proponemos es una economía imaginativa.
Al final del camino, de todo este esfuerzo está la excelencia. Hacer mejor lo que sabemos hacer. Y la igualdad.

Si logramos que Málaga mire al futuro desde la igualdad será más competitiva. La desigualdad, además de ser un problema social, es una ineficiencia económica, porque cuanta más desigualdad, menos capacidad de las personas para aportar al conjunto de la sociedad.

Los socialistas malagueños proponemos un modelo económico basado en la sostenibilidad, más estable, que generará más y mejor empleo, el cual es compatible con el vector de la igualdad de oportunidades entendida como un arma estratégica de la política económica, lo que denominamos la economía de la igualdad.

La igualdad es un punto de partida, un valor en nada contrario al esfuerzo y la capacidad, es si cabe decirlo, la antesala de que cada cual en las mismas condiciones alcance sus metas. Hay quien quiere hacer creer a la sociedad que la meritocracia es contraria a la igualdad, cuando en la segunda reside sin duda alguna una condición para que la primera sea justa.

En la base de la igualdad está la educación, nuestra bandera. Tengan claro que si los socialistas malagueños tenemos una línea roja, doblemente trazada, ésa es la educación.

La economía de la igualdad es un instrumento para el empoderamiento de las mujeres, su presencia y mando en los órganos de gobierno y representativos de nuestra sociedad.

En suma, defiendo esta economía de la igualdad porque es profundamente ética, la economía del bienestar y la prosperidad es una buena economía. Éste es nuestro reto.
Amigos y amigas, para garantizar ese futuro, para que Málaga vaya por el camino seguro necesitamos que la crisis no sea la excusa para cambiar el modelo social de convivencia que nos dimos en el pacto constitucional del 78 y arrase con la igualdad de oportunidades y la justicia social en nuestro país.

Reforma no puede ser sinónimo de demolición, de imposición o de empeoramiento de la situación.

Los socialistas estamos ante un reto ideológico importante porque tenemos de nuevo la tarea histórica de articular un reformismo progresista o de izquierda sobre el modelo de Estado, la administración pública y los servicios, la universidad, la educación y la sanidad, entre otras cuestiones. Lo hicimos en los años 80, iniciando la Modernización de España. Estoy convencido de que Alfredo Pérez Rubalcaba va a liderar ese reformismo.

La contrarreforma lanzada por el Gobierno de Rajoy va a tener nuestra oposición y la oferta de consensuar una verdadera reforma del Estado sin que signifique que la sanidad deje de ser universal y gratuita y se torne en un sistema de aseguramiento; sin que signifique que la educación básica y la universidad sean exclusivas de unos pocos; sin que las políticas de igualdad se conviertan en el arrinconamiento de las mujeres en sus casas; sin que el modelo de negociación colectiva sea sustituida por un ‘sálvase quien pueda’.

En este punto quiero hacer hincapié que el Programa Nacional de Reformas enviado por el Gobierno a Bruselas prevé, en virtud de criterios económicos, la supresión o agrupación de municipios. En una provincia como la nuestra el asunto no puede pasar inadvertido y ya nos estamos encargando los socialistas en que no pase inadvertido.

No a la agrupación forzosa de pueblos. En Málaga tenemos casi 80 municipios menores de 5.000 habitantes. Sus ayuntamientos han sido una garantía de futuro para esos pueblos. Dejaron de ser ciudadanos de segunda clase porque sus ayuntamientos comenzaron a recibir recursos económicos y humanos. Si alguien quiere ver cuánto hemos avanzado en esta provincia que la recorra, ahí está la dedicación de centenares de concejalas y concejales exclusivamente dedicados a su pueblo.
Que tenemos que fijar prioridades de gasto o inversión es compartido por todos. Señalemos prioridades y no recortes. Lo fácil es entrar con la tijera. Eso es lo más fácil. Lo complicado es lo otro.

Amigos y amigas,

La política debe recuperar credibilidad ante la sociedad.

Cierto es que las crisis económicas no ayudan mucho. Crisis profundas como éstas, que se conforman como la tormenta perfecta, en un mundo globalizado, requieren reajustes y replanteamientos complejos, suponen una batalla ideológica -no he dicho política- de profundo calado, y colocan en el ring a la política a veces contra sí misma.
Para emprender nuestro descenso en el ránking de preocupaciones de la ciudadanía española, incluso para dejar de ser una de ellas, las y los políticos debemos ser escrupulosamente coherentes. La incoherencia es nuestro principal enemigo. Exige un compromiso fuerte con los valores y una actitud serena en el proceder, sin caer en las fuertes presiones de la opinión pública, publicada y digital, que conminan a reacciones inmediatas.
Es más necesaria que nunca esa radical coherencia entre nuestros valores, el discurso, la acción de gobierno y las prácticas de los representantes públicos. Es vital la coherencia, que no es sino compromiso ético, entre lo que prometemos y hacemos, entre lo que hacemos y decimos, entre lo que decimos y pensamos.
Amigos y amigas, Málaga mira al futuro.

Para un socialista como yo, con todas las letras, la Málaga que quiero que mire al futuro es la que, por encima de otros colores, sale a la calle a celebrar la victoria de su equipo o a pedir un museo, es la Málaga que comparte sueños y objetivos y líneas rojas, es la Málaga que hace 32 años empujó como ninguna para que Andalucía fuera Andalucía y España, es la Málaga que no deja a nadie en la cuneta porque el éxito de cada uno es el éxito del colectivo.

Esa Málaga será real. La alcanzaremos con optimismo, peleando en esta crisis pensando en que las cosas pueden cambiar. Que juntos podremos salir adelante. Nadie dijo que sería fácil en esta Málaga, sobre todo si atendemos a lo que decía el poeta Álvaro García en las páginas de Sur: «La naturaleza de Málaga, la luz, el ritmo del vivir, es contraproducente para la economía pero es magnífica para la poesía».
Muchas gracias.


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