BLOGOSFERA

Javier Carnero Sierra

Hablemos de políticas


A las derechas españolas, tanto las unificadas bajo el aznarismo allá por los años noventa, como a las actuales, en claro intento de reunificación bajo no sabemos aún quién, nunca les ha gustado que hablemos de políticas. Ellas siempre se han mostrado más cómodas hablando de política, eso sí, sin entrar en demasía en la realidad de su definición, es decir, hablando siempre desde una forma que yo denominaría al menos como ambigua, y que les permite dotarla de visceralidad y denostarla a su antojo, o usarla como cortina de humo con la intención de distraer la atención de los ciudadanos de lo medible, o sea, de las políticas. Si bien, ese deseo no es nuevo, desde mi punto de vista en los últimos tiempos se ha acrecentado.

¿Por qué entonces dicho acrecentamiento, qué persigue? Puede que la atalaya que ofrece lo genérico del término política no haga necesario otorgar demasiadas explicaciones, la derecha no es amiga de dar explicaciones, o bien podría ser porque la política en singular es etérea pero no tangible, es cualitativa pero no cuantitativa. En cambio, las políticas son todo lo contrario, las políticas en plural se cuantifican, se miden, se tocan y además son cuantificadas y medidas y testadas por el actor más importante de esta ecuación, la ciudadanía.

Un vecino o vecina de cualquier municipio distingue las políticas sociales de su pueblo respecto a las de otro pueblo, del mismo modo que un ciudadano o ciudadana de una comunidad autónoma diferencia a la perfección las políticas sanitarias o educativas de su comunidad con las de la comunidad vecina. Por eso es tan importante hablar de políticas, y sobre todo tratar de diferenciar las políticas de la política.

Daniel Innerarity dice que es más fácil hacerse un juicio sobre las personas que sobre los asuntos, y eso es precisamente lo que lleva a las derechas a moverse de manera más cómoda en su percepción de la política, o en su denostación de la misma, ya que es más sencillo que los ciudadanos se mantengan en el plano de lo visceral, es decir, es más fácil asimilar el discurso de culpar a alguien de algo que buscar soluciones para todo.

Y es precisamente para tratar de evitar que las derechas se encuentren cómodas en esa discusión meramente de plano visceral y nada tangible por lo que desde esta tribuna, siempre sin histrionismos, pero con la convicción que me han dado mis ideas, con la fortaleza de las mismas, escribiré una columna en la que hablemos de políticas, de esas que los ciudadanos miden y cuantifican, del mismo modo que nos miden y cuantifican a nosotros, los políticos.

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