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Gobernar es prepararse para cuando deje de llover
Desde la política y desde lo público existe una obligación irrenunciable: trabajar para mejorar la vida de los ciudadanos y ciudadanas. Ese es, o debería ser siempre, el sentido último de presentarse a unas elecciones. Quienes damos el paso de integrarnos libremente en una lista electoral —ya sea en el ámbito local, comarcal, autonómico o nacional— lo hacemos, o al menos así debería ser, pensando en las personas a las que representamos.
La política no puede limitarse a la gestión del día a día. Es imprescindible atender lo inmediato, sí, pero también saber levantar la mirada y planificar el futuro. Gobernar implica anticiparse, detectar carencias y corregirlas antes de que se conviertan en problemas estructurales. Y si hay un ámbito en el que esa previsión resulta hoy más urgente que nunca, es el del agua.
Las últimas semanas de lluvia han traído una noticia largamente esperada en la provincia de Málaga. Los pantanos se están recuperando y, de manera especial, el embalse de La Viñuela, que no hace tanto tiempo llegó a ser declarado técnicamente muerto. Hoy, su recuperación es una realidad que celebramos todos, sin distinción. Es una buena noticia para la agricultura, para el consumo humano y para la tranquilidad de toda una comarca que ha vivido con la incertidumbre permanente de la sequía.
Pero precisamente por eso, porque la naturaleza nos ha dado un respiro, no podemos caer en el error de la complacencia. Este invierno generoso no debe hacernos olvidar los meses —y años— de debate, preocupación y restricciones que hemos sufrido. Tampoco puede servir de excusa para aplazar decisiones que siguen siendo imprescindibles.
En este contexto, vuelve a primer plano una cuestión clave: la desaladora de la Axarquía. Un proyecto largamente debatido, reconocido como necesario por prácticamente todas las fuerzas políticas, pero que a día de hoy sigue sin materializarse. No se trata ahora de buscar culpables ni de señalar responsabilidades pasadas. Ese camino no soluciona nada. Lo que urge es encontrar soluciones y ponerlas en marcha.
El ciclo hídrico es cambiante. Hoy llueve, mañana volverá la sequía. Es una certeza, no una hipótesis. Y cuando ese cambio llegue —porque llegará— no podemos permitirnos que nos pille, una vez más, sin los deberes hechos. La naturaleza nos ha regalado un invierno como hacía años que no veíamos. Aprovechémoslo con inteligencia y responsabilidad.
Es el momento de que todas las administraciones se sienten, dialoguen, alcancen acuerdos y empiecen a trabajar de forma coordinada. La desaladora no puede seguir siendo un proyecto eterno ni un arma arrojadiza entre instituciones de distinto color político. Es una infraestructura básica para el presente y, sobre todo, para el futuro de la Axarquía.
Resulta cuanto menos llamativo que exista consenso político sobre su necesidad y, sin embargo, la realidad sea que aún no está construida. Esa contradicción es la que la ciudadanía no entiende ni tiene por qué entender. La gente no merece que proyectos esenciales para su bienestar queden bloqueados por enfrentamientos partidistas, retrasos administrativos o falta de voluntad política.
La política debe servir para resolver problemas, no para cronificarlos. Y en materia de agua, el tiempo perdido es un lujo que no podemos permitirnos. Por eso, hoy más que nunca, es tiempo de trabajar. De trabajar juntos, de trabajar con responsabilidad y de trabajar pensando en el mañana.
Porque gobernar no es esperar a que llueva. Gobernar es prepararse para cuando deje de hacerlo.
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