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Día Mundial de la Paz
El Día Mundial de la Paz, celebrado cada 21 de septiembre, no puede reducirse a una mera declaración de intenciones abstractas ni a un formalismo diplomático en el calendario de las Naciones Unidas como suele ocurrir, parece que con hacer algunos actos en los centros educativos y algunas lecturas de manifiestos en diferentes instituciones ya está todo hecho.
Debemos tener en cuenta que, desde una óptica socialista, la paz no es simplemente la ausencia de conflicto bélico o el silencio de los fusiles; la paz es la presencia plena de la justicia social, la emancipación del ser humano y la abolición de las estructuras materiales que engendran la violencia.
Para el socialismo, el ser humano es el centro de las políticas. Por lo tanto, cualquier análisis riguroso sobre los conflictos y la paz debe situar las necesidades, la dignidad y el desarrollo de la vida humana en el centro. La historia nos demuestra que los conflictos armados no surgen del vacío ni de una supuesta "naturaleza violenta" del hombre, las guerras contemporáneas son, de manera casi invariable, el resultado de contradicciones materiales: la disputa por recursos naturales, la expansión de mercados, los intereses de los complejos militares-industriales y la lógica de dominación que subordina la vida humana a la acumulación de capital.
No puede haber paz duradera en un mundo donde el gasto militar global bate récords históricos año tras año, mientras millones de personas carecen de acceso a la salud, la educación, el agua potable y una vivienda digna. Recordamos en este punto las enormes presiones que ha tenido y tiene el Gobierno socialista de España para aumentar en exceso el gasto en defensa a costa del gasto social y las consecuencias que tiene el haberse negado a ello.
La verdadera paz, desde esta perspectiva, se construye destruyendo las bases de la desigualdad. Es un proceso activo de transformación social que exige satisfacer las necesidades de la humanidad y no el lucro de unos pocos con las consiguientes desigualdades que ello conlleva.
Por otro lado, la autodeterminación de los pueblos, rechazando cualquier forma de colonialismo, intervención extranjera o bloqueo económico que asfixie la soberanía de las naciones es clave para mantener un estado de paz y hacemos en este momento un recuerdo al pueblo de Gaza y al genocidio al que está siendo sometido.
Sería todo muy diferente si la solidaridad internacional, si sustituyéramos la competencia feroz entre estados por la cooperación mutua y la fraternidad universal, por eso este 21 de septiembre debe ser una jornada de reflexión, agitación y conciencia. La paz es una conquista histórica de los pueblos organizados que luchan por un mundo donde el ser humano deje de ser una mercancía o un daño colateral, y pase a ser el verdadero arquitecto de su destino. Reclamar la paz hoy es, fundamentalmente, reclamar una sociedad más justa, equitativa y plenamente humana.
Pero el hecho de recurrir a nuestros cimientos ideológicos como socialistas no debe aislarnos del contexto geopolítico actual en el que vivimos, estamos inmersos en un escenario internacional marcado por una peligrosa espiral de militarización y guerra abierta.
Vemos a diario en los informativos el dolor de las poblaciones civiles y no debemos permanecer impasibles ante ello, las personas no son una estadística ni un daño colateral aceptable.
Si analizamos el mapa de la conflictividad actual a través de la teoría socialista, descubrimos que los discursos morales sobre "la democracia" o "la seguridad nacional" suelen encubrir brutales disputas por recursos, mercados y control territorial: no hay nada más que ver la guerra en Ucrania, el ataque de Estados Unidos al Estrecho de Ormuz, etc. A menudo, lo que se presenta como una gesta de soberanía es, en su raíz económica. Los soldados ucranianos y rusos ponen los cuerpos, mientras los grandes capitales se disputan el control de recursos energéticos, rutas logísticas y el posterior negocio de la reconstrucción.
Las guerras olvidadas del Sur Global: Los desgarramientos en Sudán, Myanmar y el Sahel africano son, con frecuencia, omitidos por los grandes medios occidentales porque sus víctimas no alteran de forma directa los centros financieros del Norte.
Por ello, los socialistas, frente a la lógica de las armas, defenderemos siempre la lógica de la paz porque ésta es el único horizonte compatible con la dignidad humana.
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