Trinidad Jiménez destaca su compromiso con la provincia de Málaga
La candidata al Congreso y ministra de Asuntos Exteriores pone en valor los proyectos del Gobierno central en materia de educación, cultura, bienestar social e infraestructuras durante su intervención en el Forúm Nueva Economía, que ha contado con la participación de Felipe González
* Adjuntamos intervención íntegra
Las fórmulas de cortesía son necesarias, pero a fuerza de repetirlas acaban perdiendo intensidad. Si yo les digo que estoy encantada de estar hoy aquí en Málaga; si les digo que tenía muchas ganas de participar en este Foro; y si les digo que es un inmenso honor que ─como se dice en términos taurinos─ quien me diera la alternativa en esta plaza fuera, nada menos, Felipe González. Si digo todo eso, ustedes quizá pensarán que es un comienzo típico, lo que exige la buena educación. Créanme: es mucho más que eso.
Comprenderán que si digo que estoy encantada de estar aquí, soy muy sincera. Y le agradezco a José Luís Rodríguez su amable invitación a participar en este Foro y a Antonio San José que moderará el debate.
Y seguro que no han dudado de mi sinceridad al decir que es un auténtico honor que mi presentador sea Felipe González. Especialmente en tiempos como los que nos toca vivir. Tiempos complicados, difíciles. Tiempos que nos exigen altura de miras, perspectiva; que nos imponen una visión global ─como la que siempre ha tenido Felipe. No les extrañará si les digo que muchas de las cosas que sé de política las he aprendido de él; eso es algo que podrían decir la mayoría de mis compañeros socialistas, sobre todo los de mi edad.
De entre todos sus consejos, hay uno que recuerdo mucho últimamente. Hace poco se lo he vuelto a escuchar. Es muy simple, pero muy importante. La obligación de todo gobernante es comprender el estado de ánimo de la gente. Siempre, pero más en época de dificultades ─añado yo.
En una época en la que hay padres y madres de familia que sufren para llegar a fin de mes. En un momento en el que los jóvenes pueden tener miedo de ser la primera generación de nuestra historia reciente que no vaya a vivir mejor que sus padres. Hay que entender ese sentimiento y hay que obrar en consecuencia.
Se habla mucho de la pérdida de credibilidad de la política. En las escalas de valoración quienes nos dedicamos a esto aparecemos en los últimos lugares. Es cierto que muchos ciudadanos piensan que la política no es eficaz, que no sirve para resolver sus problemas y cumplir con su principal misión, que es mejorar la vida de la gente. Debemos entenderlo, lo que no significa que lo aceptemos sin más.
Yo hoy, entre otras cosas, me propongo demostrar que la política ─las decisiones que toman los representantes políticos elegidos de manera democrática─ no sólo son importantes, sino que son más necesarias que nunca.
Es evidente que el origen de esta crisis está en medidas políticas: las que allá por los años 80 tomaron una serie de gobernantes que defendían la desregulación de los mercados. La salida, precisamente, de la política de ese mundo.
El tiempo ha demostrado que los presupuestos de aquellos gobernantes cargados de ideología no sólo eran injustos, no sólo generaron pobreza y aumentaron las desigualdades. Es que, además, eran ineficaces; es que, como estamos viendo ahora, podían llegar a poner en riesgo la propia supervivencia del sistema. La solución, insisto, no es menos política, sino más política. Eso sí, otra política.
Es para mí, por tanto, un privilegio y un honor estar hoy aquí y poder compartir inquietudes y reflexiones sobre la situación en la que se encuentra nuestro país y sobre política, sobre el proyecto que presenta mi partido.
Hoy más que nunca, recordando a Vicente Alexandre, no es bueno quedarse en la orilla. Quedarse en la orilla significa para mí mirar hacia atrás y no renovarse, significa utilizar ideas del pasado para hacer frente a los retos del presente. Significa no querer mirarse al espejo y afrontar con optimismo el camino de la vida.
Y, sí, vivimos un nuevo tiempo político y social que nos exige una mirada crítica y una reflexión profunda sobre lo que está sucediendo y sobre cómo abordar los viejos y los nuevos problemas. Más aún, nos exige obtener respuestas claras, precisas y directas para ofrecer a nuestra ciudadanía un horizonte vital y profesional con confianza y esperanza.
Y este es mi reto, este es nuestro reto: devolver a la ciudadanía la esperanza. El espejo donde cada uno de nosotros quiere mirarse para alegrarse y reconocerse . Porque, es verdad que vivimos en un momento muy difícil y, por lo tanto, es necesario proteger a quienes la crisis les ha impactado duramente, a los más vulnerables. Pero, al mismo tiempo, es necesario desarrollar políticas que activen a esos ciudadanos en un escenario de economía sostenible. Es el tiempo de reivindicar el papel de la política para transformar la realidad, para encontrar soluciones concretas a problemas concretos.
Señoras y Señores,
Quiero decirles que, es un enorme honor para mí presentarme como diputada por mi lugar de origen, por mi tierra, la tierra de mi familia y mi sitio más querido.
Nací en esta ciudad y aquí pasé mi infancia. Cuando tuvimos que irnos a vivir a Huelva, seguimos viniendo todos los veranos a Chilches, durante muchos años. Málaga siempre ha estado presente en mi vida, incluso cuando residía a miles de kilómetros. Y ahora regreso a mi origen. Regreso para quedarme.
Y lo hago plenamente comprometida con los ciudadanos de Málaga y con los ciudadanos de este país. Soy consciente de que esta nueva responsabilidad es un desafío de primera magnitud, que estoy dispuesta a afrontar con pasión y entrega, con ganas de trabajar y sobre todo con mucha ilusión.
Quiero decirles que en todo este tiempo como Ministra de Asuntos Exteriores y de Cooperación ─y durante mi ya larga trayectoria como responsable de Relaciones Internacionales del PSOE y Secretaria de Estado para Iberoamérica─ he comprobado de primera mano cuál es la situación en la que vive el ser humano en muchos de los lugares del mundo. He podido estudiar a fondo qué está sucediendo y cuáles son los retos a los que nos enfrentamos.
He conocido lo suficiente como para saber que, en contra de lo aparente, el mundo no está viviendo una época de cambios. Está viviendo, sencillamente, un cambio de época.
El mundo que hemos conocido, desde la Segunda Guerra Mundial hasta el cambio de siglo y el desencadenamiento de esta gran crisis económica, sencillamente no volverá.
Asistimos a la mayor transformación de las relaciones humanas de las últimas seis décadas y, nada de lo que hasta ahora conformaba nuestro juego de certidumbres y certezas volverá a ser igual.
Como decía, la explosión de esta crisis es la explosión de una crisis nacida de la desregulación de los espacios financieros de la globalización que provocaron determinadas políticas. Un enorme accidente del tráfico financiero producto, precisamente, de la ausencia de normas que regulasen de forma justa el propio tráfico financiero.
A su vez, es la crisis de una sobreexplotación de la economía especulativa que no tuvo elementos suficientes, a través de su regulación, para vincular su capacidad de generación de riqueza al plano de la economía productiva.
Es, además, una enorme crisis que, nacida de la disección entre los caminos de la economía y los caminos de la política, está produciendo un amplio descontento con el funcionamiento de las instituciones democráticas y del papel de la política.
Es una crisis que aterriza sobre un continente, el europeo, con problemas de autoconfianza en sus propias capacidades, con desafíos serios en materia de crecimiento económico, en materia de dependencia energética y en materia de evolución demográfica.
Es, también, una crisis, que coloca a nuestro continente y, por tanto, a nuestro país, ante desafíos considerables en materia de competitividad frente a potencias ya consolidadas en sus capacidades productivas con alto valor añadido.
El mundo, señoras y señores, está cambiando, tanto que más que una época de cambios, insisto en que atravesamos un cambio de época.
El Partido Socialista se presenta a estas elecciones porque tiene un diagnóstico, un modelo y un proyecto. Y quiero decirles que el lugar al que conducen nuestras propuestas es un lugar en el que España se podrá colocar en posición de jugar un papel activo, teniendo un lugar propio, en un mundo cada vez más complejo, más interdependiente y más competitivo.
Sabemos que otros partidos recurren en esta campaña a las fórmulas que aplicaron cuando gobernaban: bajar impuestos a las empresas, subir impuestos a los trabajadores, recuperar la desgravación íntegra por compra de vivienda y sobre-estimular, de nuevo, el sector de la construcción. Es decir, no podemos volver de nuevo al origen de los problemas.
Nosotros, en nuestro modelo apostamos por una economía competitiva, innovadora, generadora de alto valor añadido, vinculada a este tiempo, a una economía del conocimiento.
Por ejemplo, Málaga va a ser un referente en investigación mundial en materia ferroviaria gracias a la creación del denominado Anillo Ferroviario de Alta Tecnología, en Bobadilla Antequera.
Málaga alberga el Parque Tecnológico de Andalucía, un espacio para las empresas innovadoras dedicadas a la producción, a los servicios avanzados y a la I+D. Hace unas semanas se inauguró el primer centro de España dedicado a la Nanomedicina, pero son muchas las empresas instaladas, motores de desarrollo económico y de creación de empleo de calidad.
También quiero referirme al proyecto Andalucía Tech de las Universidades de Sevilla y Málaga. Reconocido como Campus de Excelencia Internacional, con especialización en los sectores de Biotecnología y TIC.
Proponemos, pues, seguir avanzando en una de las señas de identidad del proyecto socialista en estas dos legislaturas. Un tiempo en el que hemos multiplicado por casi tres el volumen de inversión pública para la incorporación de altos niveles de innovación, desarrollo e investigación tecnológica y científica a nuestro modelo productivo. Y esto es fundamental.
Proponemos continuar por ahí: multiplicar el esfuerzo, multiplicar la inversión para alcanzar niveles mayores de productividad por valor añadido; y, por tanto, de competitividad; y, por tanto, de creación de riqueza; y, por tanto, de creación de empleo.
Hay que hacer un esfuerzo por mejorar la competitividad de las empresas malagueñas, aprovechando la importancia que tiene en nuestra economía los sectores ligados a las nuevas tecnologías y a los servicios. Hay que modernizar sectores de los que dependen muchos trabajadores como son el turismo, el comercio, la hostelería, la agricultura y el sector agroindustrial.
Nuestro modelo consiste en continuar invirtiendo en conocimiento para generar inversión. Nuestro modelo consiste en continuar invirtiendo en el desarrollo de las enormes capacidades que tiene Málaga, que tiene este país para convertirse en una economía altamente competitiva, innovadora y sostenible medioambientalmente.
Les voy a poner un ejemplo: el Corredor Mediterráneo. Es un hito histórico porque antes no existía y ahora lo tenemos. Esto implica una gran transformación. Con él hemos superado el modelo radial impulsado en el año 2003. La ruta conectará el litoral este español con Centroeuropa, Escandinavia y el norte de Rusia. Atraviesa 8 Estados con más de 4.000 kilómetros.
Esta apuesta europea por el Mediterráneo no es casual, es el producto de un esfuerzo colectivo y de un proyecto de este Gobierno.
¡Este corredor ferroviario es una grandísima oportunidad económica y vital para los ciudadanos de este país! Antequera se convierte en el segundo centro logístico de España al conectarse con Granada, Sevilla y Algeciras, lo que generará empleo y riqueza para toda la provincia.
Y el hecho de que el Puerto de Málaga se conecte con las altas prestaciones de mercancías va ser su impulso definitivo. Ya es un referente en materia de cruceros y ahora lo será también en mercancías. Esto es apostar por la competitividad de nuestra economía. Y, más aún, seguiremos defendiendo que el Corredor de la Costa del Sol se incluya en el proyecto. Lo pediremos en el período de alegaciones que ahora se abre.
Otro ejemplo distinto. En Andalucía y, desde luego, en nuestra provincia es cada vez más evidente la creciente importancia de la cultura como factor de desarrollo y crecimiento económico, sobre todo, si tenemos en cuenta las potencialidades del binomio cultura turismo.
La Costa del Sol es nuestro destino más internacional. Y no sólo es el principal motor del desarrollo socioeconómico de la provincia de Málaga, sino que también se ha convertido en la locomotora del sector turístico andaluz.
Pero debemos seguir apostando por la innovación para mantener la competitividad y la excelencia de la industria turística, aumentar la diferenciación de Andalucía y mantener su liderazgo.
Por otro lado, es necesario potenciar la conexión entre el turismo cultural y patrimonial en lugares como Ronda, y su comarca, o la Axarquía.
En definitiva, frente a la vuelta al origen de nuestros problemas que propone la derecha, proponemos un cambio de modelo. Una economía basada en la I+D, el conocimiento y los empleos verdes que coloque a España en posición de competir en un mundo globalizado y cada vez más competitivo.
En segundo lugar, quiero decirles que nos presentamos plenamente comprometidos con la defensa de un modelo de bienestar social que, en los lugares en los que gobierna la derecha y con la excusa de la crisis, está siendo desmantelado con una clarísima orientación ideológica.
La política es una cuestión de prioridades y en materia social las del partido socialista son incuestionables. Quiero darles algunas cifras que enmarcan bien lo que estoy diciendo.
En los ocho años del gobierno del PP, con bonanza económica, la inversión en becas se redujo drásticamente. En el curso 2003-2004, el Gobierno del Partido Popular dedicó 739 millones de euros. Nosotros, este curso, hemos destinado 1.603 millones a becas; más del doble; la mayor cifra de toda la historia de España. Y estamos a tan solo unas décimas de converger en inversión con la media europea en educación.
En 2004, la pensión mínima de una viuda con hijos era de 384 euros. Ahora es de 695 euros, un 81% más. Pero no sólo han subido las mínimas: la pensión media de jubilación en España, cuando llegamos al Gobierno, era de 654 euros. Hoy es de 919, un 40% más.
Nunca ningún gobierno invirtió tanto en políticas sociales: un 54% de los Presupuestos Generales del Estado son inversión social. Pero es que, además, las políticas sociales generan empleo cualificado, estable y no deslocalizable.
Por ejemplo, el sector sanitario supone el 5,85% del empleo total de nuestro país, con cerca 1,2 millones de personas empleadas. España es un país en el que se gasta menos en Sanidad y sin embargo tenemos una cartera de prestaciones de las más amplias. Ello nos ha valido el prestigio internacional y es uno de los sistemas más reconocidos del mundo. También la llamada economía social o Tercer Sector ─con un papel preponderante en la protección social─ es otro sector que sigue creando empleo, incluso en tiempos de crisis. Hasta ahora, la implantación de la Ley de dependencia ha creado más de 285.000 empleos.
Mi partido se presenta para la defensa de los servicios públicos y de las políticas sociales. Precisamente las que conforman el cuerpo central de nuestra forma de redistribución que no queremos que nadie amenace.
Mientras dependa de nosotros, allí donde dependa de nosotros, nadie tocará la educación pública, universal y gratuita; ni tampoco la sanidad pública, también universal y también gratuita.
Somos la garantía de su mantenimiento estratégico en nuestro país. La garantía para todos aquellos ciudadanos que consideren intocable el cuerpo central de nuestro modelo de bienestar: la sanidad y la educación pública, de calidad.
Una economía altamente competitiva, vinculada a la creación de valor añadido unida al mantenimiento y mejora de nuestros servicios públicos. Esa es nuestra apuesta para todo el que quiera defenderlo con nosotros.
Y esa es nuestra apuesta también para ofrecer una respuesta a uno de los principales problemas que debemos afrontar a corto plazo: el desempleo entre los jóvenes.
Jóvenes, por un lado, que abandonaron prematuramente el sistema educativo, atraídos por la construcción. Que el mismo día en que cumplían 16 años dejaban el instituto y se iban a la obra, y que ahora, con el parón en la construcción, se encuentran con que no tienen ni trabajo ni formación.
Y jóvenes a los que les sucede lo contrario. Que estudiaron y se formaron; que han acabado sus carreras, y no encuentran trabajo. Jóvenes que nos dicen: Hice lo que me aconsejasteis, me sacrifiqué, demoré mi salida de casa, renuncié a mi autonomía, ¿y ahora qué?
Tenemos que dar respuestas a los primeros, propiciando que vuelvan al sistema educativo compatibilizando sus estudios con un contrato. Y a los segundos debemos darles más oportunidades en sectores de alto valor añadido, en sectores que apuestan por la innovación.
Somos, además, un partido que se presenta para continuar reforzando la condición de ciudadanía de todas las personas que viven en nuestro país. Nos presentamos, como dijo Gordon Brown hace unos días, con la mejor tarjeta de presentación del mundo en materia de avances en derechos de ciudadanía.
Hemos avanzado mucho más en estas dos legislaturas que cualquier país del mundo en tan poco tiempo. Lo hacemos porque pensamos que el reforzamiento de la condición de ciudadanía es la mejor forma de aplicación de los grandes principios humanistas que inspiran la socialdemocracia. Y porque, con su reforzamiento, la calidad de nuestra democracia avanza según va haciéndose más inclusiva, más abierta y más amplia.
Yo era Ministra de Sanidad cuando se aprobó la Ley de interrupción voluntaria del embarazo. Una ley de la que me siento especialmente orgullosa. Pero también me quiero referir a la Ley de matrimonio entre personas de mismo sexo, la ley contra la violencia de género, la ley de igualdad o la ampliación del permiso de paternidad.
Por eso, a nuestra agenda de derechos, queremos añadir nuevos pasos: una Ley de igualdad de trato, una Ley de finalización digna de la vida para personas en situaciones terminales ─idéntica, por cierto, a la que aprobó la Junta de Andalucía─ y una nueva Ley de libertad religiosa.
Por eso quiero decirles que, frente a modelos de democracias cerradas y graves retrocesos en materia de derechos, me presento ─y mi partido se presenta─ para reforzar una democracia abierta, inclusiva y con nuevos derechos de ciudadanía. No permitiremos pasos atrás. Queremos seguir avanzando y es para eso que convocaremos a una gran mayoría social que apueste con nosotros por continuar avanzando en materia democrática.
En fin. Hablé, al principio, de la necesidad de que los políticos comprendamos el estado de ánimo de los ciudadanos. Es evidente que en este momento no es bueno. Y hay razones para ello. Pero también hay razones para la confianza. Una confianza que no es abstracta, que se basa en la conciencia de nuestras posibilidades. En nuestra capacidad para progresar; en la energía que tiene en nuestra sociedad; en su fuerza solidaria.
Yo entiendo que haya muchos andaluces escépticos ante el futuro. Pero yo les diría que echaran la vista atrás; no mucho, sólo unas décadas. Y que valoraran cómo era Andalucía, por ejemplo en los años 70 y 80, y como es hoy. Cómo eran sus carreteras, sus trenes; cómo eran sus colegios y sus hospitales. Cómo eran sus empresas, sus centros de investigación. Cuánto se innovaba, cuánto se exportaba. Cuántos universitarios tenía; cuántos de ellos procedían de familias humildes, cuántos eran mujeres
Cualquiera que haga este ejercicio se dará cuenta muy pronto que hemos dado un salto histórico. Un salto de progreso, de modernización, de equiparación con Europa. Pero, también, un salto de igualdad y solidaridad.
Que Andalucía sea hoy la Comunidad en que más se gasta en Dependencia no es un accidente histórico. Es fruto de la decisión de sus ciudadanos, y de la política ─sí, la política─ de quienes han asumido estas prioridades. Es fruto de gobiernos socialistas, aquí en Andalucía, que han peleado por los intereses y los derechos de los andaluces. Y es fruto de las decisiones de gobiernos socialistas en Madrid, los que presidió Felipe, y los que ha presidido José Luís Rodríguez Zapatero, que han apostado por Andalucía.
Hoy podemos añadir un logro más a esa lista. Un logro más de la sociedad española, una nueva demostración de su enorme fortaleza: hemos terminado con ETA. La sociedad, todos.
Lo hemos hecho con fuerza y con inteligencia. Demostrando capacidad de sufrimiento, pero también sabiduría y aguante. Porque este día, que ha tardado mucho en llegar, todos sabíamos que llegaría. Tarde o temprano. Ha sido tarde, demasiado tarde para las víctimas, demasiado tarde para todos los que no podrán recuperar a un ser querido, y a los que nadie les va a devolver los días de angustia. Si, ha sido tarde, pero ha llegado. Hemos ganado.
Los terroristas han acabado con vidas irreemplazables, han destrozado familias, pero ni en un solo momento han hecho quebrarse a la sociedad española, retroceder un centímetro al Estado de Derecho. Ni un centímetro.
Esta victoria demuestra lo que ya sabíamos. Que somos un gran país y que sabemos hacer frente a las dificultades. Con fuerza y con inteligencia.
Así estamos haciendo frente a la crisis. Así vamos a salir de la crisis. Confiando en nosotros, en nuestras capacidades. Con fuerza, con entereza, y con inteligencia. Sin dejar que ganen los agoreros que quieren aprovechar del pesimismo, y sin retroceder ni un centímetro en los logros del Estado Social.
En definitiva, tiempos difíciles sí, todo un gran reto ante nuestros ojos. Todo un cambio de época en un mundo en fase de profundos cambios. Para todo ello, una apuesta sólida que el partido socialista presenta a los ciudadanos.
Una economía del conocimiento, innovadora, competitiva; un modelo social irrenunciable para nosotros; y una democracia abierta, inclusiva y moderna. Elementos, todos ellos, con los que caminar con pasos sólidos y con confianza en nosotros mismos.
Es verdad que Málaga es sólo una parte de ese mundo, pero es nuestra parte del mundo, la parte del mundo de la que somos responsables. En nuestra provincia se condensan, el pasado y el futuro, los problemas y las soluciones, las dificultades y los recursos para superarlas. Tal como yo las veo, esas palabras: pasado, futuro, problemas, soluciones, dificultades y recursos, no son sólo abstracciones, son personas, se encarnan en las personas; en distinta medida, es verdad, pero todas esas palabras nos habitan a cada uno de nosotros. Al final, la historia las hacen las personas. También la historia de la superación de esta crisis.
Muchas gracias.
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