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Yolanda Florido Maldonado

22 de febrero: Igualdad Salarial, Justicia Socioeconómica, Justicia Democrática


El 22 de febrero no significa marcar una fecha más en el calendario. Recordamos una verdad incómoda: nuestro trabajo, el trabajo de las mujeres sigue valiendo menos. Y mientras esto siga ocurriendo, nuestra democracia no está completa.

 

El Día de la Igualdad Salarial, impulsado en 2010 por un Gobierno socialista, no nació como un gesto simbólico, sino como una Declaración Institucional que manifestó el compromiso con la erradicación de la brecha retributiva entre mujeres y hombres.  Porque la igualdad retributiva no es una concesión ni una moda: es justicia socioeconómica. Y sin justicia social y económica no hay libertad real. 

 

Hoy la brecha salarial se sitúa en el 15,7%, el nivel más bajo de nuestra historia reciente. En una década se ha reducido 8 puntos. Es un avance innegable. Es el resultado de la acción de la lucha feminista y la acción de políticas socialistas en el gobierno central: La subida del salario mínimo interprofesional, que ha crecido un 66% desde 2018; La reforma laboral que ha reducido la precariedad que nos castigaba especialmente a las mujeres; La ampliación de los permisos iguales e intransferibles hasta las 19 semanas para ambos progenitores; Los planes de igualdad y la transparencia retributiva.

 

Pero no podemos conformarnos. Porque detrás del 15,7% hay una realidad: las mujeres ganamos 4.781€ menos que los hombres; hay madres que ven penalizadas sus carreras; hay trabajadoras concentradas en sectores esenciales, como son los cuidados, limpieza, atención social, que sostienen la vida y, sin embargo, están históricamente devaluados. Esto no es casualidad. Es estructural.

 

Vamos a hacer pedagogía: La brecha salarial se manifiesta por un sistema que durante décadas organizó el mercado laboral desde una perspectiva masculina, como si cuidar no fuera trabajar, como si la conciliación fuera un privilegio y no un derecho. Cuando casi un tercio de las mujeres dedica cuatro horas diarias al cuidado y los hombres apenas la mitad, no hablamos de elecciones libres: hablamos de desigualdad en la distribución del tiempo, del poder y del dinero.

 

Cerrar la brecha salarial es garantizar independencia económica ya que sin independencia económica no hay libertad plena. 

 

Una mujer que depende económicamente es más vulnerable a la precariedad, a la pobreza y a la violencia. 

 

Una mujer que cobra menos hoy, cotiza menos mañana y recibirá pensiones más bajas. La desigualdad salarial no es un dato técnico: es una cadena que nos atraviesa toda la vida.

 

Desde el socialismo lo tenemos claro: La igualdad salarial no es solo una reivindicación de las mujeres; es una causa de estado, de gobierno. Cuando las mujeres avanzamos, avanza la economía, se fortalece el Estado del bienestar y se ensancha la justicia social y económica. 

 

Nos debe quedar claro: El 22 de febrero no es un día para felicitarnos, sino para reafirmar un compromiso: Seguir subiendo salarios, reforzar la corresponsabilidad, garantizar presencia paritaria en los espacios donde se reparte el poder económico. Seguir desmontando barreras estructurales. 

 

Clara Campoamor nos decía: “la libertad se aprende ejerciéndola”, la igualdad salarial es, precisamente, eso: ejercer la libertad en el terreno más decisivo, el de la autonomía económica. 

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