BLOGOSFERA

Mari Carmen Montañez Almenara

El autismo: una deuda política


El Trastorno del Espectro Autista (TEA) no es un asunto privado. Es un termómetro de cómo está nuestro Estado de Bienestar, un Estado de Bienestar que para las personas con TEA todavía se encuentra en construcción. Porque donde faltan recursos, fallan los derechos.

Durante más de 15 años he vivido en primera persona lo que miles de familias andaluzas ya saben: el sistema público andaluz no está preparado, no responde a tiempo y, en demasiadas ocasiones, simplemente abandona, y eso no lo cargamos nosotros , lo cargan nuestros hijos, en educación, sanidad, Ley de Dependencia…

Y eso tiene responsables.

Las familias andaluzas no sólo partimos de la incertidumbre propia de enfrentarnos a una nueva realidad, sino que le tenemos que sumar que partimos de un diagnóstico tardío por retrasos en la detección, procesos largos y falta de especialistas. Sabiendo que cada mes que perdemos en atención temprana, es una oportunidad que no vuelve. Porque si el sistema falla en la atención temprana, condicionará toda una vida.

Pero pasan los años, y la realidad de las personas con TEA no cambia. Las familias asumen el papel que la Junta de Andalucía, la administración responsable y con competencias que no asume o que retrasa, abandonando a su suerte a las familias. Un ejemplo claro, en Málaga, esperar hasta cinco años para una plaza en un centro de día o residencia no es una excepción, ya es una norma. Cinco años que para las familias son cinco años de angustia, de sobrecarga, de futuro paralizado. Una espera interminable que hace que un derecho deje de serlo. Porque una lista de espera de cinco años no es un derecho, es un fracaso.

Pero lejos de mejorar, cuando las personas con TEA cumplen 18 años, la situación empeora. Menos recursos. Menos atención. Más incertidumbre, porque el sistema desaparece.

Y la pregunta es clara:¿por qué las familias tienen que adaptarse a un sistema que no funciona?

Cada formulario, cada lista de espera, cada puerta cerrada confirma lo mismo: el sistema está diseñado para aguantar, no para resolver.

La inclusión no puede depender del esfuerzo individual de las familias. Es una obligaciónn pública. Y hoy, la Junta de Moreno Bonilla no cumple.

No se trata de hacerse fotos o buenas palabras. La administración no puede seguir apelando a la concienciación mientras mantienen sistemas insuficientes. Sin recursos, la inclusión es solo un discurso vacío.

La realidad es clara: las familias están cansadas de pedir lo que ya deberíaa estar garantizado. No es invisibilidad. Es desatenciónn institucional.

El autismo para nosotros no es una carga. Lo que es insostenible es la falta de recursos. Lo que es injusto es cómo Moreno Bonilla no asume su responsabilidad, ocho años de vacío, ocho años de abandono a miles de familias malagueñas y andaluzas. Porque esto no va de historias personales. Va de responsabilidad política.

LAS PERSONAS TEA SE MERECEN UN BIENESTAR VISIBLE, SIN REGLAS.

TRANSPARENCIA

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