BLOGOSFERA

María del Carmen Sánchez Aranda

Tiempos para no olvidar


Hablar del Holocausto nazi se hace recurrente en estos días no sólo porque el 27 de enero se conmemora el Día internacional en Memoria de las Víctimas de este horror anti humano, sino porque muchas de las acciones políticas de las que estamos observando a través de los medios de comunicación, nos hacen constatar cómo los políticos conservadores vuelven una y otra vez a repetir comportamientos y a tomar decisiones políticas que vienen a destruir la concordia y el buen hacer entre países y las personas que los componen.

Nuevamente los reaccionarios del mundo se confabulan en una gran internacional para cuestionar primero y debilitar después el Estado Social y Democrático de Derecho que en muchos países, sobre todo en Europa, nos dimos después de la Segunda Guerra Mundial (probablemente porque algo aprendimos) para que desde el Estado de Bienestar pudiéramos convivir en libertad y sobre todo en paz. A derecha e izquierda se hicieron los sacrificios oportunos en pro de la Democracia parlamentaria.

La Segunda Guerra Mundial auspiciada por ese pensamiento fascista que ya empezamos a ver en la ultraderecha y en los sectores más conservadores de la derecha, costó entre 50 y 85 millones de muertes, se estima que unos 40 millones fueron civiles, superando al de los soldados fallecidos.

Ese nefasto ideal criminal viene a señalar, como entonces, al diferente: inmigrantes primero, mujeres que solicitan derechos, personas con un determinado color de su piel, homosexuales, intelectuales, demócratas o personas que no piensen como ellos; para terminar, como ya ocurre en EE.UU. con sus propios conciudadanos; bastándoles ya, para matar, perseguir o detener a cualquier persona, el que alguien, simplemente, pueda atreverse a fotografiar, con su móvil, los desmanes represivos que ejercen, por medio de su policía “Gestapo”, contra cualquier opositor a sus decisiones.

Más de diez millones de españoles asesinados, de ellos cinco millones solo en el Campo de Concentración de Mauthausen, ostentan la elevada y triste cifra, de compatriotas, que probablemente no pensaran nunca que la lucha por la democracia y la libertad podría costarles la vida, de ahí que cada 27 de enero, en el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, tengamos la necesaria obligación de alzar la voz en contra de los totalitarismos y las apologías de la destrucción convivencial que los demócratas reivindicamos para nuestro Planeta.

Sin dudas la gran amenaza que supone para nuestro País y para la Europa de la que formamos parte, de un nuevo orden mundial, basado en el blanqueo de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de las dictaduras que alimentaron, durante la misma y con posterioridad, en muchos países, como así fue en España, no debe de hacernos olvidar sus consecuencias sobre la vida de las personas, muchas de ellas sometidas a feroces dictaduras y todas ellas a la más absoluta de las pobrezas. La ciudadanía ha de saber que una sociedad sin reglas es una sociedad corrupta y sometida al albur de los dictadores que así la controlan.

La proliferación de partidos de ultraderechas y el vasallaje de los de derechas a posiciones discriminatorias e involucionistas no pueden encerrarnos en el miedo a discrepar y a reivindicar que un mundo mejor es posible, no pueden obligarnos  a renegar de la democracia como lugar de encuentro de unos y otros, como centro de poder del pueblo sobre los poderosos e intransigentes con las libertades; tenemos la obligación y el deber de rebelarnos contra todo aquello que pueda suponer restricciones a nuestro modo de vida, a nuestro estado de bienestar y a la firme creencia de que con más Derechos nos hacemos mejores personas. La diversidad de pensamientos y formas nos hace más responsables y más capaces, en esa maravillosa y necesaria cooperación entre seres humanos. La Libertad no es sólo un valor de mercaderes sino es una necesidad imperiosa para el mundo en el que vivimos, toda ella revestida de solidaridad y de búsqueda de la igualdad de todos y todas las personas que vivimos en este Planeta.

Son momentos para recordar aquéllas palabras de Martin Niemöller después de la Segunda Guerra Mundial y que nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de las posiciones, decisiones y acciones ultraconservadoras que se vienen dando en el mundo actual:

Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío.

Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.

TRANSPARENCIA

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