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Ciudadanía y acción frente al calentamiento terrestre
Hoy se celebra el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO₂ que en realidad es en Málaga una necesidad social, territorial y democrática. No hará falta que detallemos como somos especialmente vulnerables al cambio climático, olas de calor, sequías, inundaciones, y por tanto qué reducir emisiones significa de forma preventiva defender la salud pública, garantizar el derecho al agua, combatir desigualdades y construir una ciudad más habitable y justa.
Aquí, el aumento de temperaturas no es una previsión futura, sino una realidad cotidiana: olas de calor más frecuentes y prolongadas, noches tropicales persistentes, mayor estrés térmico y una presión creciente sobre recursos ya limitados, especialmente el agua. Cada tonelada de CO₂ que no se emite contribuye a frenar estos impactos que ya condicionan la vida diaria de miles de personas.
Desde una perspectiva socialista, hay una idea clave que debe guiar cualquier análisis territorial: la crisis climática no afecta a todas las personas por igual. El calor extremo, la mala calidad del aire o la escasez de agua golpean con más fuerza a quienes viven en barrios densos, con menos zonas verdes, viviendas mal aisladas y menor capacidad económica para adaptarse. Celebrar este día es reconocer que reducir las emisiones de CO₂ es también reducir desigualdades sociales y territoriales.
Las emisiones de CO₂ están estrechamente ligadas al modelo urbano y de movilidad. En Málaga, una parte significativa procede del tráfico rodado y de la dependencia histórica del vehículo privado. Reducir emisiones implica apostar por un transporte público fuerte y accesible, por la movilidad peatonal y ciclista, y por recuperar el espacio público para las personas. Apostar por el tren litoral como columna que vertebre a la conurbación costera. Este cambio no solo reduce CO₂, sino que mejora la convivencia, reduce el ruido y refuerza la cohesión social. La ciudad debe pensarse para quienes la habitan, no para los motores que la saturan.
La reducción de emisiones tiene, además, un impacto directo en la calidad del aire y la salud pública. Aunque el CO₂ no sea tóxico en sí mismo, procede de las mismas fuentes que los contaminantes responsables de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Menos emisiones supone menos contaminación, menos ingresos hospitalarios y menos mortalidad prematura. En una ciudad como Málaga, con una población cada vez más envejecida y expuesta al calor, reducir CO₂ es una auténtica política preventiva de salud.
El agua es otro eje central de esta reflexión. El calentamiento global asociado al CO₂ incrementa la evaporación, reduce la humedad del suelo y hace más irregulares las lluvias, alternando sequías prolongadas con episodios torrenciales. Aunque vean los embalses al 60% hemos de insistir que en nuestra provincia el agua es un bien escaso y estratégico, reducir emisiones es una forma directa de mejorar la seguridad hídrica, proteger acuíferos y reducir tanto el riesgo de sequía como el de inundaciones. Celebrar este día es recordar que sin estabilidad climática no hay garantía de acceso al agua.
La reducción de CO₂ también abre la puerta a cambiar el modelo urbano. Impulsa la rehabilitación energética de viviendas, mejorando el confort térmico y combatiendo la pobreza energética; fomenta la renaturalización de calles y barrios, creando sombra y reduciendo la isla de calor urbana; y favorece una planificación más compacta y eficiente, adaptada al clima mediterráneo. Entre urbanizaciones y bosque urbano apostamos decididamente por lo segundo. Estas transformaciones no son solo ambientales: tienen un impacto directo en la calidad de vida cotidiana de la ciudadanía.
Como ciudad abierta al mundo y motor económico de la Costa del Sol, Málaga tiene también una responsabilidad colectiva. El turismo, la actividad económica y el crecimiento urbano deben ser compatibles con la sostenibilidad y la justicia social. Celebrar el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO₂ es afirmar que el progreso no puede construirse a costa de la salud, del territorio ni del futuro de las próximas generaciones, y al turista hemos de concienciarlo en que utiliza unos recursos de los que no somos excedentarios, y que por tanto, debe contribuir a su sostenibilidad.
Desde el partido socialista defendemos una idea clara y profundamente política: reducir las emisiones de CO₂ es cuidar de las personas. Es garantizar el derecho a respirar un aire limpio, a vivir en una ciudad menos hostil frente al calor, a disponer de agua suficiente y a disfrutar de un espacio urbano más equitativo. Celebrar este día en Málaga es reafirmar un compromiso colectivo con el presente y con el futuro, con una transición ecológica que sea justa, inclusiva y democrática.
Porque la lucha contra el cambio climático no es solo una cuestión ambiental: es una cuestión de derechos, de igualdad y de bienestar común. Y por eso, en Málaga, debemos celebrar y reivindicar el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO₂.





