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La marcha de la sal
Hoy, 30 de enero, se celebra el Día Escolar de la Paz y la No violencia. Esta jornada conmemora la muerte del líder pacifista Mahatma Ghandi, quien defendió la no violencia y promovió la resistencia pacífica frente a la injusticia. Por ello, fue asesinado hoy hace 78 años.
Dieciocho años antes de su muerte, el 12 de marzo de 1930, Ghandi partió junto con sus discípulos y cientos de periodistas hacia lo que se convertiría en La marcha de la sal. Los ingleses, a su llegada a la India, monopolizaron la producción y venta de sal. Este producto, cuya elaboración era tan simple como colocar un cuenco con agua de mar y ponerlo al sol, era esencial para la conservación de alimentos. Fue una de las muchas formas en las que el Imperio Inglés quiso pisar la cabeza de la India. Posteriormente, en mitad de la lucha por la independencia india, algunos miembros del partido de Ghandi, cansados del yugo inglés, propusieron la declaración de guerra a los ingleses. Ghandi se negó. Advirtió al virrey de la India, diciéndole que su campaña de desobediencia civil sería ejercer el derecho natural de los indios a producir sal. Dicho esto, caminó 300 kilómetros hasta la costa del Océano Índico. Cuando llegó, solo tomó un puñado de sal. Este gesto, tan simple y tan mundano, era el manifiesto del derecho a la libertad del pueblo indio.
En estos tiempos tan convulsos, no puedo evitar recordar este hecho de cuándo en cuándo. Vivimos rodeados de injusticia y de opresión. El “que le vamos a hacer” es la coletilla de toda conversación sobre las penurias e injusticias de nuestro tiempo. Nos sentimos minúsculos delante de los gigantes opresores. Pero no lo somos; la grandeza está en todos nosotros.
Ahora más que nunca, debemos enseñar a los más jóvenes que juntos somos tan, tan grandes, que los pequeños son ellos. Que unidos, no es necesario tomar las armas, ni combatir fuego con fuego para alcanzar la paz. La paz habita en nosotros. La compasión con el prójimo, tomar la mano del que sufre y celebrar con el que goza; son todos gestos que denotan que aunque no la veamos, está ahí. El simple hecho de comprender que todos somos humanos, sin distinciones ni categorías, ya es el arma más poderosa contra la injusticia. Es la conciencia de esto la que desmiente el odio y la desidia. Y que todos podamos ser conscientes depende de la educación que recibamos.
En el Día Escolar de la Paz y la No Violencia, eduquemos. Inculquemos en la juventud los valores que tanto echamos en falta en estos tiempos modernos, para que su humanidad predomine sobre todas las cosas. Para que aprendan la paz desde el ejercicio de la igualdad, la unidad y la compasión. Para que entiendan que para lograr un mundo más justo no es necesario el odio ni la violencia. Que solo se necesita caminar juntos. Que el gesto más significativo para alcanzar la paz es a veces tan simple como llegar a una playa y tomar un puñado de sal.





